Aborto: los testimonios

Aborto: los testimonios

 

Elisa Walker: Se negó a un aborto eugenésico*

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La abogada Elisa Walker, hija del senador DC Ignacio Walker, supo a las 18 semanas de gestación que su guagua tenía síndrome de Edwards, una alteración genética incompatible con la vida. Elisa y su marido estaban viviendo en Escocia, –donde él cursa un doctorado–, y allí es legal abortar cuando el feto tiene alguna patología grave. Aquí describe el duro proceso de tomar una decisión y explica por qué ella prefirió llevar a término ese embarazo.

“Recibí la noticia de mi embarazo con mucha felicidad. Tenía los síntomas normales: náuseas, sueño y hambre. Tuve un control de rutina a las 7 semanas y luego otro a las 12 semanas, donde
los doctores detectaron los primeros indicios de que había un problema genético: el pliegue en la nuca del feto tenía una medida que superaba el rango de normalidad. Dijeron que podía ser síndrome de Down. La única forma de precisarlo era haciendo una amniocentesis, lo que conlleva riesgos de aborto. Dijimos que no. A las 18 semanas de gestación, una nueva ecografía descartó que se tratara de síndrome de Down, y que parecía ser un síndrome de Edwards o de Patau, algo mucho más radical. El doctor volvió a ofrecernos hacer una amniocentesis.

Aceptamos. Así supimos que el feto tenía síndrome de Edwards. Habíamos aceptado la posibilidad de tener un hijo con síndrome de Down, lo que ya nos había obligado a enfrentarnos a un mundo desconocido. El síndrome de Edwards, sin embargo, era un escenario muy diferente ya que el feto no tiene expectativas de vida. Esa realidad asusta. Mi primer temor estuvo relacionado con mi propia vida. Pregunté si continuar con el embarazo la ponía en riesgo, y me dijeron que no. Mi segundo temor fue imaginar cómo iba a ser mi relación con esta guagua. Quería continuar con el embarazo, pero no estaba segura de si yo tenía la fuerza para hacerlo de buena forma. Me preocupaba tener susto de mi propio hijo si nacía vivo. Algunas guaguas afectadas con el síndrome de Edwards tienen graves deformidades.

Los doctores nunca nos hablaron directamente de hacer un aborto, sino que nos decían que teniendo la información a mano podríamos saber qué hacer, con lo que se daba por entendido a qué se referían. Ellos abordan estos casos acompañando, dando espacio para reflexionar y tratando de no influenciar en la decisión final. La nuestra fue una elección de vida, no impuesta sino asumida. Si el Estado me hubiera obligado a continuar con el embarazo, –como ocurre en estos casos en Chile–, lo habría hecho, pero no sé si hubiera experimentado el proceso transformador que sentí al ser nosotros quienes tomábamos la decisión. No sé si habría encontrado las mismas fuerzas para vivir el embarazo y amar a mi hija hasta el final. El embarazo terminó a los 6 meses. Después de dos días sin sentir los movimientos de la guagua, fuimos al hospital y ahí, con dos ecografías, nos confirmaron que había muerto.

Después del parto, un cura vino al hospital para hacerle una bendición. A las pocas semanas hicimos una liturgia y luego enterramos las cenizas de nuestra hija bajo un árbol que plantamos. Esta experiencia cambió mi forma de pensar sobre los embarazos inviables. La situación es mil veces más compleja de lo que se muestra en las discusiones, porque es un encrucijada vital. A pesar de que yo aconsejaría continuar con el embarazo y transformar el sufrimiento en amor, creo que ésa es una decisión que sólo puede ser tomada por la mujer, y compartida con su familia. La situación es tan extrema, y la decisión tan compleja, que el Estado simplemente no puede decidir por las mujeres y sus familias”.

* Se llama aborto eugenésico a la interrupción del embarazo cuando el feto tiene alguna malformación congénita grave.

Paola Dragnic: Pidió un aborto terapéutico*

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La periodista Paola Dragnic, actualmente embarazada de su segundo hijo, vivió una situación límite en su primer embarazo, en 2005. A la semana 16 de gestación se confirmó que tenía un embarazo triploide, una anomalía cromosómica en que el feto, en vez de 28 cromosomas, tiene 69. Esto le provocó tal desorden hormonal que su placenta se llenó de tumores cancerígenos y había riesgo de que el cáncer se expandiera. “Esto es muy grave, hay que interrumpir el embarazo cuanto antes”, le dijo su doctor, agregando que él no podía hacerlo porque había un feto vivo y nuestra legislación lo prohíbe. Y le recomendó viajar fuera de Chile.

En los días siguientes, ella y su marido bucearon en internet, hablaron con amigos y tocaron puertas buscando una forma para salvar a Paola rápidamente, porque estaba cada vez peor: “Estaba como intoxicada. Tenía alucinaciones, vomitaba todo el día, me sentía físicamente mal. Y estaba realmente muy angustiada”.

Recibió decenas de datos de médicos que podían hacerle un aborto clandestino. “Pero me dio miedo, porque mi caso era tan riesgoso, que si el procedimiento se hacía mal el cáncer podía expandirse.

También estaba el riesgo de perder mi útero. Y yo quería ser madre”. Optó por reservar pasajes a Caracas, donde vive su padre y el aborto terapéutico es legal y podía hacerse en una clínica con todos los resguardos médicos. No alcanzó a partir, porque su médico tratante la llamó antes. El 23 de febrero de 2005, dos semanas después de que se corroborara el diagnóstico. “Estás muy grave; acabo de ver tu último examen de sangre y está muy alterado. Hemos tenido una junta médica para discutir tu caso. Ven de inmediato a la clínica”, le dijo.

Al llegar, la internaron de urgencia y le hicieron una seguidilla de exámenes, entre ellos una radiografía de tórax para ver si el cáncer había llegado a los pulmones. “Eso me marcó”, dice, “porque uno sabe que embarazada no debe hacerse radiografías”. Luego le inyectaron misotrol para inducir un parto. “No me hagas parir si no voy a ser madre”, le imploró al doctor. Acto seguido la anestesiaron y se durmió. Al despertar, Paola recuerda haberse tocado la guata, y haberse quedado así hasta que entró el médico a verla. “Me dijo que me habían sacado todo. Mis sentimientos eran confusos. Quería hacerle una pregunta, pero no me atrevía. Hasta que junté valor y le dije: ‘¿Perdí mi útero también?’. La respuesta fue ‘no’”.

Ahora, seis años después, Paola reflexiona: “Estoy viva y embarazada gracias a que me hicieron ese aborto terapéutico. Quienes creemos que debe ser legal, no somos abortistas, sino que sabemos que hay situaciones médicas extremas que justifican interrumpir un embarazo. Yo deseaba ser madre y tener ese hijo y lamayor prueba es que ahora estoy embarazada de nuevo”.

* Se habla de aborto terapéutico cuando la vida de la madre está en riesgo.

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